Para que el masajista pueda aplicar la intensidad adecuada, la persona que recibe el masaje debe estar lo más relajada posible y para esto no hay mejor forma de hacerlo que colocarnos tumbados en una camilla de masaje.

 

¿Porque una camilla de masaje y no una cama?

 

Los masajes se dan con fines terapéuticos , deportivos e incluso  estéticos, y generalmente el masajista ha de permanecer en pie mientras la otra persona permanece tumbada todo el tiempo, ya sea boca arriba o boca abajo.

 

Si nos tumbáramos sobre una cama, el masajista debería inclinarse demasiado para poder acceder a nuestro cuerpo, y no podrá sujetarse con ninguna mano, ya que necesitará las dos para realizar el masaje.

 

Aparte de que la camilla de masaje de por si es alta, en realidad las camillas plegables para masaje no ocupan mucho espacio y pueden guardarse y transportarse plegadas, y desplegarse en la habitación donde se tiene que dar el masaje.

 

Las camas, incluido los somieres, bases o tarimas, no son la solución ideal por el motivo que hemos citado, ya que obligaría al masajista a colocarse de rodillas en el suelo y por tanto es una posición mucho más incómoda que la que se tiene estando de pié.

 

La segunda gran diferencia es que las camas son demasiado anchas, incluso las más pequeñas, algo que queda solucionado en las camillas de masajes puesto que son estrechas ya que la persona que se tumba en estas camillas ha de permanecer inmovil y por tanto con un ancho menor que un colchón es suficiente, ofeciendo al masajista mejores ángulos para dar el masaje desde cualquier sitio.