Diversos ensayos clínicos han demostrado que la aplicación del calor local contribuye en gran medida a disminuir el dolor en la zona que se aplica, ya que el músculo o la parte dolorida se relaja con el calor aliviando las molestias.

 

La mayoría de las veces que experimentamos dolor, con indepencia de que la patología exista de forma contínua y el dolor sea una manifestación intermitente, exte remite en poco tiempo tras la aplicación de calor en la zona dolorida.

 

Dicho en otras palabras, el calor es posible que no cure pero está claro que alivia, y por tanto la elección está clara y el remedio ha de considerarse como algo de lógica elección.

 

Hace años era muy normal colocar una bolsa de agua caliente en la zona dolorida y tenerla durante minutos e incluso horas hasta que el dolor remitiera.

 

Hoy en día con las almohadillas de calor es mucho mas sencillo aplicar este calor y por tanto combatir el dolor de forma más práctica y menos engorrosa.

 

Una almohadilla térmica como su própio nombre indica, es una pequeña almohada para aplicar calor, en este caso la almohadilla eléctrica consigue calentarse mediante una resistencia de bajo consumo, suficiente para calentarse a la temperatura adecuada siendo esta muy agradable ya que no es ni demasiado alta ni demasiado baja, con lo cual, podríamos decir que genera el calor perfecto que el cuerpo necesita.